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Control, de Anton Corbijn

febrero 7, 2008

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Ya era hora. Por fin un biopic digno, dignísimo, rodado con sensibilidad y con buen gusto, y con un respeto total por la figura del personaje a tratar, en este caso Ian Curtis, el enigmático y fascinante líder de Joy Division, grupo CLAVE en la evolución del post-punk.

Anton Corbijn, al que todos conocemos por su soberbio trabajo fotografiando la carrera de U2 y Depeche Mode, decidió llevar a cabo este proyecto, financiándolo de su propio bolsillo. Basándose en el libro “Touching from a distance”, escrito por la viuda de Curtis, y en sus propios recuerdos como propio fan del grupo, Corbijn ha construido un apasionante y denso relato, con el que consigue transmitir la espiral de obsesión y depresión en la que se vio sumergido Curtis los últimos meses de su vida, y que le llevó a suicidarse con tan solo 23 años de edad, en la cúspide de su carrera.

Corbijn ya había demostrado un gran nivel visual con Devotional, ese pedazo de concierto que grabó para Depeche Mode, posiblemente el concierto mejor rodado de todos los tiempos. Y en esta película confirma que tiene una mano maestra también para el cine. El blanco y negro acrecienta la oscuridad interior del personaje, y además evita adornos post-modernos y el estilo videoclipero; se ciñe única y exclusivamente a una narración clásica, eso sí, con un gusto exquisito a la hora de escoger los planos. La experiencia fotográfica de Corbijn se nota en algunas escenas, que adquieren en ocasiones una dimensión poética.

Los actores cumplen todos con creces. Mención especial para Sam Riley, que consigue que nos creamos que estamos ante el mismísimo Curtis en persona. Nos mete de lleno en su personaje, y nos hace compartir su tremenda perturbación, y lo que es más importante, nos crea preguntas. ¿Qué demonios debía pasar por la cabeza de Curtis? ¿Tan culpable se sentía por amar a otra mujer?

A la espera de ver I’m not there, la esperada cinta sobre la vida de Bob Dylan, creo justo reconocer a Control como el mejor biopic musical de los últimos años.

Juno

febrero 1, 2008

Parece que la Academia de Hollywood le ha cogido el gustillo a esto de nominar cada año a una película indie o de bajo presupuesto, como queriendo decir: ¡ey, que nosotros también sabemos ser alternativos!

No le encuentro otra explicación posible al de querer promocionar ese otro cine que se hace en Estados Unidos, al hecho de haber nominado a una película como Juno a la categoría de mejor película.

La jovencisima Ellen Page interpreta a Juno, una joven de 16 años que se queda preñada de un compañero de clase. Pero en vez de abortar, como harían la mayoría de jovenes de su edad, decide tener al niño y darlo en adopción a una pareja que lo necesite. Toda la película gira en torno al personaje de Juno, y su extraña relación con Bleeker, el chico con el que se acostó, y la más extraña todavía relación que mantiene con Mark, el marido de Vanessa, la mujer que adoptará al niño que espera Juno.

La película parece hablarnos de un tema recurrente en el cine norteamericano indie: la pérdida de la inocencia y los problemas, inseguridades y miedos de los adolescentes. Lo hace sustentando el peso de la película en la actuación de Ellen Page, chica que se había dado a conocer por su inquietante interpretación en Hard Candy. La actuación de Page es realmente buena, pero… ¿De verdad merecía la nominación a mejor actriz?

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¿Qué problemas le veo a esta película? Principalmente que los secundarios no dan la talla, salvo quizás la guapisima Jennifer Garner. Es además una película muy lenta, y en la que el guión parece destinado a dejar en cada secuencia almenos una frase lapidaria o una conversación trascendental sobre la vida.

Tampoco es nada creíble la reacción de la muchacha al descubrir que se ha quedado embarazada, ni la reacción de sus padres al enterarse de la noticia, ni tampoco está bien explicada la relación que mantiene con su compañero Bleeker, aunque esto más bien parece un efecto buscado por la guionista de la película, la polifacética y extravagante Diablo Cody.

La película es bastante tostoncete, para qué engañarnos. Yo me sigo preguntando si no había películas mejores a las que nominar (Jesse James, por ejemplo), o si es que estos americanos se han vuelto definitivamente locos. No es una mala película, pero no es de lo mejor de este año. Vamos, ni por asomo.

Esperaba más de Jason Reitmann, aunque le daré una segunda oportunidad cuando pueda ver su anterior y opera prima, la aclamada Gracias por fumar.

El hombre que mató a Liberty Valance

enero 8, 2008

El Western es el género en el que John Ford desarrolló la mayor parte de su carrera, y es el género que más ha contribuido a la expansión y a la evolución del cine americano, y es junto al cine “noir”, el cine negro, el género que más imágenes para el recuerdo y para la historia ha dejado. No es extraño pues, que para el cinéfilo medio, “el mayor hacedor de westerns”, John Ford, esté considerado como el mejor director de todos los tiempos.

Y es que hay algo en el cine de John Ford, algo unico y mágico, que no se encuentra en ningún otro director del mundo. Es esa sensación que te acompaña durante todo el visionado de sus películas, una sensación inexplicable, una fluidez en la historia, una capacidad para describir a los personajes, dotarles de alma y personalidad, y una profundidad dramática verdaderamente ejemplar. Es tener la sensación de que detrás de la cámara hay un verdadero narrador, que busca siempre el plano ideal para escenificar las emociones que subyacen bajo los personajes. Es la sensación constante de que cada plano tiene su importancia, de que todas las escenas tienen algo importante que contarte, de que más que ver una película, te están recitando una obra de Dostoievski con sonidos e imágenes.  

“El hombre que mató a Liberty Valance”, estrenada en 1962, es su gran obra maestra. No obstante se le ha llegado a nombrar como “la Casablanca del Western”. En una época en la que el color había quedado totalmente instaurado, Ford decide rodar esta película en blanco y negro. Se trata de una película modesta y de bajo presupuesto, pero es esa humildad y ese aire intimo y cálido de los personajes lo que la hace tan emotiva y especial.

 La historia comienza cuando el senador Ranse Stoddard explica a un periodista su llegada al pueblo de Shinbone para ejercer la abogacía, y como antes de llegar fue atracado y golpeado por el temido pistolero Liberty Valance. A raíz de este hecho, Ranse se empeña en cambiar las leyes que rigen en el desierto y llevar ante la justicia a Liberty Valance. Por esto, sufrirá las burlas de Tom Doniphon, el gran rival de Liberty, un bondadoso pistolero pero anclado en el pasado. Tom está enamorado de Hallie, la camarera del Saloon, pero con la llegada al pueblo de Ranse, ya nada volverá a ser lo mismo.

Aparte de las cualidades de Ford a la hora de presentar a los personajes, y de su talento a la hora de narrar historias, hay que destacar el impresionante plantel de actores. Tenemos a John Wayne (Tom Doniphon), un actor imponente, el tipo más duro de la historia de Hollywood, que sin embargo, ejerce en esta película de héroe romántico. Tenemos también a James Stewart (Ranse Stoddard), que nos regala otra actuación desencantada y amarga, pero maravillosa. Y por otra parte la enamoradiza belleza de Vera Miles (Hallie), y la maldad absoluta, encarnada en un Lee Marvin (Liberty Valance) sencillamente espectacular, uno de los villanos más terribles que se han visto nunca en una película. Los actores secundarios dan el contrapunto y son los que ofrecen esos momentos humorísticos tan entrañables y característicos de las películas de John Ford. Todos los actores, principales y secundarios, dan un auténtico recital de expresión dramática, de poder y de sensibilidad. Unas actuaciones todas bordeando la perfección, absolutamente impresionantes.

“El hombré que mató a Liberty Valance” es una película de desatado romanticismo. No solo por las miradas perdidas, por esa preciosa historia de amor a tres bandas, sino por el propio carácter de sus protagonistas, complejos, atormentados y ambiguos. Supone una mirada, nostálgica y melancólica, hacia un mundo, regido por pistoleros y por la ley del más fuerte, que va desapareciendo progresivamente para dar paso a la democracia y al progreso, a la ley y al orden. Es en este sentido, una película muy parecida a otro gran clásico del cine, “Los siete Samurais”, de un discipulo aventajado de Ford, el japonés Akira Kurosawa, sobretodo en lo que se refiere a esa revisión del mito y la leyenda, en aquel caso el mundo de los samurais, y en este el mundo de los pistoleros. Es también una reflexión sobre las consecuencias del progreso, sobre el paso del tiempo, y también por que no, sobre el nacimiento de la democracia en Estados Unidos.

Es en definitiva, una película de obligado visionado. Una película que inaugura una nueva etapa para los Westerns, y lo hace mediante la propia trangresión de los códigos que hicieron grande a este género. Reflexiva, lírica, humana, terriblemente bella y crepuscular. Una película de las que remueven conciencias y sentimientos, una más, de John Ford, con la que enamorarnos del cine, y de la vida.

Thomas Newman

julio 28, 2007

Los amantes de las Bandas sonoras de películas recordarán a nombres tan ilustres como Bernard Herrmann, Jerry Goldsmith, John Barry, John Williams o Ennio Morricone. Todos estos compositores figuran merecidamente en la lista de los mejores compositores de películas de todos los tiempos. Sin embargo, suele olvidarse a menudo a un revolucionario compositor que se ha labrado un hueco entre los más grandes, demostrando una gran versatilidad para componer en todo tipo de registros musicales y una tremenda capacidad para escribir temas de rotunda emotividad.

 Miembro de una de las familias de compositores más populares de Hollywood, aprendió las artes del oficio de su padre, Alfred Newman, toda una leyenda, autor de la sintonia de la 20th Century Fox, con el record de nominaciones al Oscar (43, ganó 9), y colaborador de directores como John Ford o Charles Chaplin. Casi nada.

 Thomas Newman se diferencia del resto de compositores actuales por sus continuos cambios de registro, por la gran cantidad de instrumentos que utiliza, y por su alto grado de experimentación sonora. Pero su característica principal es la sabia utilización que hace del piano, y las bellas y emotivas melodias que consigue con este instrumento y los breves acompañamientos orquestales.

Todo un ejemplo de inteligencia y sentido armónico, y puesto al servicio de las películas para las que trabaja, no para el lucimiento propio, como les sucede a muchos compositores actuales. Ha conseguido elevar aún más la calidad de muchas películas para las que ha trabajado, y en algunos casos ha logrado una sincronización y una conjunción entre imagen y sonido realmente portentosa. Algunos de los mejores momentos de la historia del cine moderno están acompañados por la música de este ya mítico compositor californiano.  

A continuación os dejo con sus mejores composiciones (Click en el título de la película para escucharlas):

Cinderella Man“: Típico y reconocible trabajo de la ya extensa obra de Thomas Newman. Piano, violines de orquesta y una suave y triste linea melódica.

American Beauty“: Sí, el de la bolsa de plástico. ¿Quien no ha escuchado este tema alguna vez?. Radiado hasta la saciedad, con algunas versiones “bailables”, y de lejos la melodía más reconocible y éxitosa de toda la filmografía de Thomas Newman. Aclamada Banda Sonora, de una belleza arrebatadora.

Cadena Perpetua“: Bellísima partitura que acompaña a uno de los finales de película más emotivos que se recuerdan. Uno de sus mejores trabajos.

Jarhead“: Otra colaboración con Sam Mendes. Banda Sonora experimental, exótica y en ocasiones paranoica, acorde con lo narrado en la película. Consigue meterte de lleno en el desierto de Irak.

Conoces a Joe Black?”: Lo único salvable de la película, la Banda Sonora.

Road To Perdition“: Sam Mendes ha hecho de Thomas Newman su compositor fetiche. No es para menos. Tres elementos tiene esta película que la hacen tan grande; actores, fotografía y una Banda Sonora maravillosa.

Little Children“: La más reciente. Destacado trabajo con el piano y mucho arreglo sinfónico. Una delicia.

Michel Gondry

julio 17, 2007

Michel Gondry es un realizador francés que empezó haciendo videos musicales para artistas de la talla de Bjork, Foo Fighters, Rolling Stones o Kylie Minogue. Fue pionero en la utilización del bullet time, esto es el efecto a lo ralentí que más tarde explotarían los Wachowsky en Matrix, y que ahora utiliza todo cristo. También destaca por un estilo visual muy onírico y en ocasiones poético. Está considerado como uno de los “padres” del videoclip musical moderno.

Su debut en un cortometraje fue con Human Nature, una obra bastante irregular y que cosechó muy malas críticas.

La consagración vino con Eternal sunshine of the spotless mind (2004), una de las películas más originales que se han hecho nunca, en la que Jim Carrey  decide borrar de la mente los recuerdos que tiene de su ex, Kate Winslet. Durante el “formateo” Carrey se da cuenta de que hay muy buenos recuerdos de esa relación y decide, dentro de su propia mente ir hacía atrás y conservar esos recuerdos. El oscarizado guión es asombroso, plagado de giros inesperados e historias entrelazadas, y es obra de Charlie Kaufman, uno de los guionistas de más reputación y prestigio de todo Hollywood. La película es maravillosa, un auténtico prodigio, mezcla de drama romántico, ciencia ficción y comedia.

 

Su siguiente obra fue La ciencia del sueño (2006). En ella, Gondry consigue superarse, y se saca de la manga una bellísima historia de amor, entre el soñador y tímido Stephane (interpretado de manera brillante por Gael García Bernal) y su vecina Stephanie (Charlotte Gainsbourg). La ciencia del sueño es otra muestra del particular modo que tiene Gondry de ver las cosas y de sentirlas. Una mirada nostálgica, poética y extremadamente romántica, una oda a la imaginación y al amor más puro. Cualquier persona medianamente tímida, sensible y soñadora se sentirá identificada con el personaje de Stephane, uno de los personajes más entrañables y cautivadores que he visto nunca en una película. La ciencia del sueño no es una película, es una experiencia que hay que sentirla muy dentro, una obra para volver a creer en el amor, una de las películas más bellas y divertidas que he visto en toda mi vida. El final es indescriptible, muy profundo, artístico y emocionante. Simplemente genial.

Muy de cerca habrá que seguir a este Gondry en el futuro. De momento está rodando su nueva película. Lo unico que se sabe de ella es que estará interpretada por Jack Black, y va sobre un dependiente de un videoclub que accidentalmente borra algunas escenas de las cintas que tiene, y lo unico que se le ocurre es ponerse a grabar él mismo esas escenas borradas. La cosa promete. 

Os dejo con uno de sus mejores videos musicales, el que hizo para la canción de Bjork “Human Behaviour”, y donde Gondry da rienda suelta a su imaginación y poesía visual.

Internet y el cine

julio 8, 2007

A pesar de que el cine ya cuenta con más de 100 años de história, no ha sido hasta hace muy poco que se ha convertido en un fenomeno auténticamente universal. El cine, que nació casi como un experimento, y que muy pronto evolucionó hacia una forma de arte más, se convirtió también en un gran negocio, respaldado por un sistema de estudios y super-producciones donde solo cabían las figuras del “star system”.

La llegada de la televisión también fue clave para la expansión popular del cine, y la prensa masiva y la publicidad y sus nuevas formas de marketing acabaron de convertir al cine en un fenomeno de masas.

 Sin embargo, ha sido la llegada de internet, y las nuevas formas de interactividad multimedia, lo que ha provocado una expansión definitiva del cine en todo el mundo, facilitando la descarga entre miles de usuarios de películas de todo tipo, algunas incluso tan extrañas o antiguas que solo pueden conseguirse a través de internet. El hecho de poder descargarse una película de un país recóndito y exótico, y de poder opinar de ella desde cualquier rincón del mundo, sin ningún tipo de limitación ni frontera, ha convertido al cine, además de en un fenomeno de masas, en un fenomeno global.

Foros, blogs y páginas especializadas en cine se han encargado de crear la plataforma adecuada en la que cada uno pueda expresarse libremente. En el caso del cine, se ha generado también una corriente de opinión y crítica cinéfila. Todos tenemos el gusanillo de criticar y opinar sobre la peli que acabamos de ver, y existe ya una red enorme de “criticos” de cine, entre los que nos incluimos los redactores de este blog.

Uno de los fenomenos asociados a esta fiebre cinéfila internauta es la de la puntuación de las películas. Esto es, dar una nota a la película, como aquel profesor que evalua los trabajos de sus alumnos.

Una de las páginas web que permiten puntuar las películas es filmaffinity. En ella, miles de usuarios puntuan todas las películas que han visto. El sistema establece un cálculo de todas las puntuaciones recibidas y calcula la nota media que tiene esa película. Así se establecen los parámetros para las listas de las mejores películas y un sistema muy original de afinidad de gustos con otros usuarios. También se le ofrece al usuario la posibilidad de añadir una crítica (más bien reseña). En poco tiempo se ha hecho un hueco entre las páginas de cine más visitadas, y es tanta la fiebre por puntuar bien la película que muchos de sus usuarios se pasan la mitad de su visionado pensando qué puntuación le otorgarán, en vez de disfrutar de ella. Además, muchos de ellos, se guían por la puntuación media que tiene en la web, a la hora de elegir qué película ver.

¿Es esto bueno o malo? A vuestro criterio lo dejo. Mi único consejo es que nunca os dejeis influenciar por una crítica o por la puntuación que tenga una película, pues los gustos son siempre muy relativos. Yo particularmente me he encontrado con auténticas joyas que en imdb o filmaffinity tienen una puntuación no muy alta. Así que lo mejor que podeis hacer es seguir vuestro propio criterio e intuición. Y es que como dice el burdo refrán: los gustos son como los culos, todos tenemos uno.

“El Buen Pastor”, desalentador y angustioso retrato de la CIA

julio 7, 2007

Tras su debut como director, con la correcta y autobiográfica, “Una história del Bronx”, ya se echaba en falta su regreso tras las cámaras, para confirmar las dotes del De Niro director. 14 años han pasado desde entonces. Parece que el proyecto de filmar la história de la fundación de la CIA, era un empeño del mismo de Niro, atraído profundamente por la história de esta organización. Tanto lapso de tiempo es comprensible, pues cuando uno ve “El Buen Pastor”, se da cuenta del tremendo trabajo de investigación, recaptación de datos y fechas, y testimonios de primera mano que fueron necesarios para elaborar el guión.

La história gira en torno a Edward Wilson, un joven estudiante de Yale, que tras pasar por una importante sociedad secreta, se convierte casi sin darse cuenta, en uno de los miebros de la OSS, orígen de la CIA. En la película se retrata todo el proceso de formación y estructuración progresiva de la organización, así como el proceso de deshumanización del personaje central, interpretado con solvencia por Matt Damon.

Así pues vemos la evolución de Edward Wilson, desde que es un joven estudiante, hasta su conversión definitiva en un espía. En el proceso, Wilson tiene que compatibilizar su trabajo con su familia, sobretodo con su mujer, interpretada por “Angelina Jolie“, hasta verse en la encrucijada de sacrificar a su familia por la seguridad del país y de la propia CIA.

No son las actuaciones lo más destacable de la cinta, sino el poderoso guión, repleto de giros constantes, y una exquisitez por los detalles, que dota a la história de mucha riqueza y profundidad, escrito por Eric Roth, guionista también en otros dos impresionantes thrillers políticos, “Munich” y “El Dilema“. Es logro suyo que las casi tres horas que dura el filme no se hagan pesadas, aún con la densidad y la tensión propias de la história. “El buen pastor” no es una película difícil de seguir, pero sí hay que estar muy atento para no perder el hilo.

Precisamente, “El Buen pastor” tiene muchos puntos en común con las películas mencionadas. El retrato que hacen de ese hombre totalmente perdido ante algo mucho más grande de lo que él puede manejar, y ese distanciamiento que sufre de su familia por no poder manejar esa situación, esa tensión irrespirable que acompaña a la película constantemente, y esos contínuos giros argumentales que hacen que no puedas apartar la mirada de la pantalla.

El resto de elementos acompañan a la perfección. Rodada con un clasicismo sublime, tanto que en algunas escenas parece que estamos viendo “El Padrino de los espías”, y acompañada musicalmente de manera brillante, “El buen pastor” se erige en una impresionante película de espionaje y drama personal, un thriller impecable, una de las mejores películas que han salido de Hollywood en los últimos años.

Pero por encima de todo lo dicho, “El buen pastor” es también una terrible reflexión acerca de los métodos empleados por la CIA y por el gobierno de Estados Unidos, para extender sus tentaculos y meter las narices en todos los gobiernos del mundo.

Uno se pregunta después de verla (si no lo ha hecho ya antes) en qué locura y salvajada de mundo vivimos, y si todas las salvajadas que vemos en la película, y que fueron reales, justifican en fin propio de los objetivos. Sorprende que sean los propios americanos los que hayan hecho un retrato tan desalentador de la CIA, y por eso precisamente es un film valiente. A De Niro le costó mucho encontrar financiación para realizar este proyecto, y viendo la película no cuesta entender por qué.
 

La guerra según Eastwood

junio 5, 2007

Se hace dificil escribir una crítica de una película que significa tanto para ti, de un director que tanto y tan bien te ha marcado. Suele cometerse en estos casos el error de caer en subjetividades y en exagerados halagos derivados del amor que uno profesa por una nueva obra de uno de sus directores preferidos. Sin embargo voy a intentarlo, porque creo que es mi deber como amante del cine rendir tributo al que para mi ya es uno de los más grandes directores de todos los tiempos.

Tras una larga e irregular carrera como director, parece que en los últimos años, Eastwood ha encontrado ese punto de madurez reflexiva y de dominio completo de la técnica, y ahora mismo parece empeñado en ridiculizar a sus múltiples detractores, cosechando una brutal colección de obras magistrales. Anteriormente nos había obsequiado con esas maravillas llamadas “Bird” y “Sin Perdón”. Años después volvió con fuerza, con la perturbadora “Mystic River”, y la durísima y magistral “Million Dollar Baby”. Tras el brutal éxito de esta última, Eastwood abordó un ambicioso proyecto, narrar la historia de una de las más sangrientas y memorables batallas de la segunda guerra mundial, la batalla de Iwo Jima.

A muchos se nos hizo la boca agua solo de pensar lo que Eastwood podía lograr con una cinta bélica, y las noticias y rumores inundaron desde entonces las webs, blogs y revistas de internet. Y más aún cuando nos enteramos que Spielberg sería el productor de la película. Las expectativas se dispararon cuando se confirmó uno de los rumores; Eastwood rodaría dos versiones de la contienda, una desde el punto de vista americano, otra desde el punto de vista japonés.

Las expectactivas se cumplieron con creces, no tanto entre el público, pero si entre la crítica, que no dudó en alabar el intento de Eastwood por narrar los hechos desde ambos bandos enfrentados, con un díptico cinematografico tan ambicioso como arriesgado.

El valor de este tremendo díptico de Eastwood sobre la guerra no es algo que pueda valorarse en términos de éxito de taquilla o crítica. Eastwood, en pleno dominio de su arte y técnica, se sintió libre para hacer el trabajo que más le apetecía hacer. Documentandose y empapandose de historia junto a su colaborador más fiel de los últimos tiempos, Paul Haggis, Eastwood llegó a una conclusión: en la guerra no hay heroes, tan solo personas como tú o como yo que ansían por encima de todo vivir y regresar sanas y salvas junto a sus familias. Ese mensaje flota constantemente en las dos películas que conforman el díptico de Eastwood sobre la batalla de Iwo Jima; “Banderas de nuestros padres” y “Cartas desde Iwo Jima”.

En la primera, vemos la batalla desde los ojos de los marines estadounidenses, y como estos son más tarde utilizados por su gobierno, llevando de gira por todo el país a tres de los soldados que aparecieron izando la bandera de Estados Unidos en la famosa foto de Joe Rosenthal, foto que sirvió para aumentar significativamente la moral del país y aleccionar a los ciudadanos para comprar bonos con los que el gobierno recaudaría fondos para la guerra. Aquí Eastwood nos cuenta una historia de anti-heroes en clave heroica, tres soldados a los que les adjudicaron el puesto de heroes sin merecerlo realmente, puesto que como ellos mismos dicen en la película, “no luchaban por su país y su patria, solo luchaban por sus familias y por sus compañeros”. Con constantes flashbacks y saltos temporales, Eastwood insiste y redunda en su mensaje, siendo esto posiblemente el mayor lastre de la película. Sin embargo, cuando la terrible violencia y realismo de la batalla da paso a la mirada compasiva de ese cine tan clásico y reflexivo al que nos tiene acostumbrados, la película se crece, dejandonos momentos de esos que justifican el pagar los 6 euros de la entrada del cine y los 20 que cuesta el DVD. “Banderas de nuestros padres” no es la mejor película de Eastwood, pero si es una gran película bélica, rodada con un estilo y elegancia absolutamente apabullantes.

Parece sin embargo que Eastwood concentró todas sus energías en la segunda parte de este gran díptico antibélico. “Cartas desde Iwo Jima” fue un proyecto humilde en su concepción, empujado principalmente por el propio Eastwood, que quedó maravillado al leer las cartas que el general Kuribayashi , el encargado de la última defensa de la isla, enviaba a su familia. Eastwood se empapó de Japón y sus tradiciones, para lograr captar luego con la cámara un espíritu tan peculiar como el nipón.

Moviendo la cámara entre luces y sombras (el trabajo de Tom Stern otra vez imprescindible), guiados por la sobria e implacable interpretación de Ken Watanabe, y acompañados por una maravillosa banda sonora, triste y bella a partes iguales, Eastwood nos somete a un impresionante torrente de emociones en estado puro, tan grandes y majestuosas que uno no puede más que sentirse tremendamente insignificante ante la grandeza de la épica y los sentimientos que subyacen bajo cada uno de los personajes de “Cartas desde Iwo Jima”, personajes todos muy bien definidos, que recogen todos los aspectos de la cultura japonesa, y que se debaten constantemente entre el “deber” de servir con honor y hasta la muerte a su patria, y el deseo de sobrevivir a toda costa y regresar con sus familias.

Eastwood construye una bella y dolorosa elegía del desastre, una increíble e inmensa radiografía de todos los códigos éticos y morales que mueven a las personas en una guerra, y constituye también un ejemplar estudio de nuestra propia condición humana, detestable y noble a la vez. Una apoteosis continua de sentimientos y emociones, de impresionante poderío y poder de conmoción. La experiencia cinematográfica más estimulante, sobrecogedora, humana y estremecedora de la última década, y coronada por un final esplendoroso, de embriagadora tristeza y desolación.

Creo que lo mejor que puede decirse de “Cartas desde Iwo Jima” es que es una película sumamente intensa y terrible, muy dura en ocasiones, pero también es bella y compasiva. Es ese contraste el que provoca esa especia de emoción contenida que nos acompaña durante el visionado de toda la película, dejandonos el estomago del tamaño de un chicle. Eastwood consigue dejarte sin aliento con brutales escenas como las de los hara-kiri explosivos o la matanza de rendidos, para luego insuflarte bocanadas de ese aire irrespirable del gran cine, con escenas de una belleza desbocada y una sensibilidad extrema. Rodada con tono poético (el de las cartas de los soldados acompañadas por la bella composición musical de Kyle Eastwood, el hijo del maestro), y con una veracidad y realismo que asusta (mención especial a la secuencia de los bombardeos), “Cartas desde Iwo Jima” se erige en una colosal obra maestra cuya relevancia y repercusión es desconocida hoy en día. Huele a clásico eterno.

“Cartas desde Iwo Jima” es, para el que aquí les escribe, la obra maestra definitiva de Clint Eastwood. Una obra tan ajustada a derecho y forma, tan grande, única e inolvidable que incluso mejora a su predecesora, coloca a Eastwood en el altar de los más grandes, y por si no fuera suficiente, sitúa a este tremendo díptico sobre la batalla de Iwo Jima en las cotas más altas de la cinematografía de todos los tiempos, y junto a “Senderos de gloria” de Kubrick, como el mayor y más bello alegato antibelicista de la historia del cine.

A pesar de que ambas son dos grandísimas películas, “Banderas de nuestros padres” ha quedado como la peor de las dos. Realmente es así, “Cartas desde Iwo Jima” es superior, quizás menos comercial y entretenida, pero mucho más artística y profunda. No obstante se complementan la una a la otra, llegando a tener escenas en común e historias paralelas que sirven como nexo de unión entre ambas, con pequeños detalles de esos que un cinéfilo mira con lupa para después saborear intensamente. En “Cartas desde Iwo Jima” sabremos por ejemplo qué le ocurre a un soldado americano que había desaparecido en “Banderas de nuestros padres”. También en “Cartas desde Iwo Jima” veremos a lo lejos y desde los ojos del general Kuribayashi como los soldados americanos colocan la bandera en el monte Suribachi. O en la escena final veremos un plano que enlaza magistralmente a las dos películas. Los detalles, otro de los elementos que hacen grande a una película, y a los que Eastwood les dio su debida importancia.

Resulta frustrante ver que películas como Spiderman o Piratas del Caribe, totalmente prescindibles y absurdas, arrasan en las taquillas de todo el mundo, mientras que películas profundamente artísticas y personales como “Cartas desde Iwo Jima” las ven cuatro gatos, los que se enteraron de su estreno y fueron a verla a los cuatro cines contados donde se estrenaba (en España solo se distribuyeron 68 copias). Por no hablar del injusto trato que recibió en la gala de los Oscar, donde se saldó una deuda histórica que se tenía con Scorsese. No me malinterpreten, “Infiltrados” es una gran película, pero “Cartas desde Iwo Jima” es infinitamente mejor. Supongo que es el precio que tendrá que pagar Eastwood por el capricho de rodar en japonés y dejarla así, sin doblajes y solo con subtitulos. Muchos le tienen miedo a leer más de dos frases seguidas en una película, por lo que constituye una seria candidata a entrar en la lista de película de culto. Casi como una joya oculta en la arena de azufre de la playa de Iwo Jima, solo visible para quien sepa apreciarla.

Supongo que mis palabras tan solo destilan rendida y sumisa admiración por Eastwood. En realidad no siento ni quiero decir nada más. Estas dos películas son un sueño hecho realidad, la culminación definitiva de todos los sueños, anhelos y aspiraciones que despierta en mi el cine. Forma ya parte del refugio al que acudo de vez en cuando en busca de un poco de humanidad y de esa pasión por la vida y la libertad que tantas fuerzas da para seguir adelante en este mundo cada vez más frío y deshumanizado.

Un duro y emotivo testimonio de la crueldad e inutilidad de todas las guerras. Jamás en la vida podremos los seguidores de Eastwood pagar la deuda que tenemos con él, y con las horas de inmenso cine que nos ha regalado. Tan solo, desde aquí, agradecerselo, una y otra vez, y aprender a “hacer siempre lo correcto, simplemente porque es lo correcto“.

Historias de Filadelfia

junio 2, 2007

” Yo creía que todos los escritores bebían en exceso y pegaban a sus mujeres. Sabe, una vez deseé, en secreto, ser escritor”.

Historias de Filadelfia, George Cukor

“Todo sobre mi madre” tendrá versión teatral

mayo 31, 2007

Los periodicos de hoy se hacen eco de una noticia que me ha llamado la atención, y el estreno en otoño de la versión teatral de “Todo sobre mi madre”, la película que le abrió las puertas de Hollywood a Almódovar.

La obra se representará en el prestigioso teatro inglés Old Vic, lugar donde se han labrado gran reputación gente de la talla de Sam Mendes o Kevin Spacey.

Es precisamente éste último el productor de la obra, aunque es el director manchego el que se reserva la última palabra sobre el texto y la elección del reparto.

Los rumores apuntan a que sería Lesley Manville la encargada de interpretar el papel de Manuela, la mujer que tras la muerte de su hijo, parte en busca del padre, un trasvestido. Recordemos que este papel lo interpretaba en la película una genial Cecilia Roth.

Seguiremos atentos a futuras noticias porque la cosa promete.